Las impresoras 3D, una revolución

Si el genio Aladino fuera real, y viviera en nuestro tiempo, es posible que se mudara de su maravillosa lámpara a una impresora 3D: sin necesidad de frotarla ni trampas de por medio, los ya abundantes modelos a la venta permiten imprimir un rango tal de productos que haría palidecer al protagonista del cuento. Con las versiones domésticas, del tamaño de un microondas y precios que oscilan entre 400 y 3.000 euros aproximadamente, se pueden fabricar relojes y pulseras, fundas de móvil, piezas de repuesto para electrodomésticos, tazas o zapatos sin moverse de casa. Sus aplicaciones profesionales e industriales son todavía más sorprendentes y se suceden vertiginosas. No descarte que, al acabar este artículo, haya surgido alguna más. Porque permiten la fabricación de muebles, juguetes sexuales, guitarras, ropa o bicicletas, pero también prótesis anatómicas y órganos para implantes a partir de células madre.

impresora 3D

“Las impresoras 3D están experimentando un desarrollo muy importante en la rama de la medicina. Se están empezando a imprimir órganos (lógicamente no con las impresoras que pueden llegar a nuestras casas), como por ejemplo una oreja [Universidad de Princeton, EEUU], parte del rostro de una persona, e incluso prótesis a un bajo precio”, explica Jorge Casanova ingeniero de Libelium, tecnológica española que acaba de lanzar al mercado su impresora lowcost Cooking Hack.

El técnico no duda en afirmar al teléfono desde Zaragoza que estas máquinas provocarán “una nueva revolución industrial”. La comunidad científica, sin embargo, se muestra dividida entre entusiastas como él, y los que, como Nacho Palou, fundador de Microsiervos (el blog de tecnología más leído de España) creen que “no se convertirá en un fenómeno masivo“. De lo que no cabe duda es de que está dando alas a sectores como la investigación aeroespacial, que ya sueña con mudarse, gracias a las impresoras 3D, a la Luna. Según la ESA (Agencia Espacial Europea) transportar uno de estos aparatos a nuestro satélite permitiría construir a partir de material lunar una base para proteger a los astronautas de meteoritos y radiaciones.

Para empezar a trabajar, las impresoras 3D, tanto en su versión industrial como en la personal, necesitan un archivo digital con el diseño del objeto que queremos crear. Este se puede generar mediante un programa o, más fácil todavía, pero también más caro, escaneando el ítem con el correspondiente escáner 3D ya disponible en el mercado. A partir de ahí, la imprenta lo convertirá en realidad generalmente añadiendo y fundiendo capa tras capa de los más variados materiales: aunque los más utilizados son el plástico, el polvo de nailon, el aluminio u otros metales, también se pueden usar silicona, cerámica, chocolate o queso.

Uso doméstico de las impresoras 3D

Sin embargo, semejante capacidad de adaptación no convence a Nacho Palou. “La impresora 3D personal, la que podemos tener en casa, a efectos prácticos es un aparato complejo y creo que va a cambiar poco nuestra vida”, afirma. “Primero hay que crear el modelo, diseñarlo, y eso es lo más complicado; si hay algo mal, puede que no funcione, porque no son lo suficientemente resistentes, y el acabado tampoco es perfecto. Creo que está más pensado para visualizar diseños en gremios como arquitectos o ingenieros, pero su uso práctico es limitado. Imprimir una pieza de repuesto en casa lleva mucho tiempo, no es igual de resistente, y un kilo de material cuesta 50 euros. Tampoco creo que, como dicen, vaya a espolear la creatividad. El que no sea diseñador ahora, no lo será con esta máquina“, defiende. Palou compara el fenómeno de las impresoras 3D con las de papel. “La impresión de papel no acabó con el mercado editorial, porque a escala industrial no salía a cuenta imprimir. Para grandes cantidades la gente seguía acudiendo a la copistería”, concluye.

Precisamente este negocio, el de copistería 3D, ya está en marcha, y tiene en Shapeways a su máximo exponente, una empresa fundada en Holanda en 2008 que su creadores definen como comunidad de impresión 3D y comercialización online, que a junio de 2012 alcanzó el millón de objetos impresos. “Cualquier persona que quiera imprimir algo en 3D nos puede mandar el archivo y nosotros lo hacemos. Pero no solo eso. Además, nuestros clientes pueden comercializarlo sin riesgo, pues si quieren vender la pieza, nosotros la imprimimos y se la enviamos al comprador. Así, si se vende una unidad, perfecto, y si se venden más, mucho mejor. Antes, llevar un producto al mercado costaba normalmente un año, pues había que buscar inversor, manufacturador, etcétera”, explica Carine Carmy, directora de marketing de Shapeways.

La compañía ha abierto su segunda planta, a la que han llamado Factory of the future (fábrica del futuro), en Nueva York, donde fue inaugurada por el entonces alcalde de la metrópoli, Michael Bloomberg. La impresión 3D, opinan expertos como Casanova, obligará a muchas empresas a cambiar su modelo de negocio, pasando de producir objetos a vender los archivos digitales para que grandes factorías de impresión tridimensional o el propio consumidor en casa los produzcan: “Si el fabricante da acceso a estos archivos de fabricación, ya sea gratuitamente o a un precio económico, se ahorra la realización del molde y el tener un stock en sus almacenes”, apunta.

Aun así, las impresoras 3D industriales aún no pueden competir con la producción en masa cuando se necesitan millones de piezas idénticas, pues las fabrica a bajo precio y con una mayor precisión y durabilidad. “Pero sí que abren la posibilidad a que algunos fabricantes piensen sobre sus precios o incluso sobre su forma de fabricar o el trato que se da al cliente. Si se nos rompe cualquier tipo de pieza de nuestra casa, por ejemplo el mando con el que controlamos la temperatura del horno, ¿por qué recurrir al servicio técnico, que tanto nos desespera en ocasiones, si podemos imprimirlo en la impresora 3D?”, argumenta el ingeniero. Aun así, Nacho Palou cree que el uso de las también conocidas como minifactorías personales en casa se limitará casi exclusivamente a objetos decorativos.

Mark Fleming, fundador del blog 3dprinter.net, no alberga ninguna duda de que la fabricación aditiva, como se conoce en la jerga técnica a la impresión 3D, cambiará las reglas del juego. Aunque estas máquinas no son novedad en el sector, donde hace décadas que se usan para fabricar prototipos, su abaratamiento y la rapidez de los modelos actuales hacen que lo que antes costaba miles de euros y semanas de fabricar se haga hoy por cientos de euros, en menos tiempo y en cualquier parte del mundo.

“En muchos casos las líneas de montaje se reducirán o incluso desaparecerán, puesto que la fabricación aditiva puede conseguir el producto final, o grandes partes, en un solo proceso. Una misma empresa podría fabricar muchos artículos sin la necesidad de tener otros tantos moldes, y así se iniciaría incluso un proceso de desglobalización, pues la producción y distribución se podrían realizar localmente. Además, tampoco serían necesarios los inventarios dado que se podría fabricar bajo demanda”, explica Fleming.

Todo ello redundaría en la reducción del consumo de energía y la mano de obra, lo que, reconoce, “podría desestabilizar ciertas economías, pero beneficiaría a otras como las que están envejeciendo más rápido, al depender menos de las importaciones”. Aunque las ventajas en la esfera de la creación en casa, de momento, no sean tan obvias, la impresión de objetos decorativos parece suficiente para espolear un mercado en el que existen ya decenas de modelos de impresoras 3D personales, como las de la empresa EntresD, distribuidores exclusivos en España de las impresoras de sobremesa UP! Plus, UP! Plus2 y UP! Mini. Su complemento son webs como thingiverse.com, donde los usuarios comparten sus diseños y es posible descargarse archivos para fabricar desde una sandwichera o un estuche para bolígrafos con forma de cohete hasta un ventilador. Y, ojo los amantes de la pintura: ¿se imaginan una réplica exacta de su cuadro favorito, con defectos incluidos? Un estudiante de la Universidad Tecnológica de Deflt (Holanda) ha desarrollado una impresora 3D capaz de reproducir pincelada por pincelada cualquier pintura, no solo su imagen, sino también su textura, relieve, e incluso sus desperfectos. Puede que las impresoras 3D no lleguen a cambiar el mundo, pero a este paso, podrían hacerle un duplicado. l

Permiten fabricar en casa zapatos, tazas o fundas para el móvil. Hay quienes opinan que, a nivel empresarial, provocarán una nueva revolución industrial, pero también que su uso personal no pasará de lo anecdótico.

OBJETOS EN 3D

Las creaciones que se pueden realizar con una impresora 3D son múltiples. A continuación, algunos ejemplos que abarcan desde simples fundas telefónicas o una bicicleta hasta complejos inventos de la NASA.

OREJA BIÓNICA. La han creado científicos de la Universidad de Princeton. Para imprimirla, inyectaron una mezcla de células bovinas y partículas de plata a las que la propia máquina da forma de antena.

ZAPATO LEAF SHOE. En la web de Cubify, fabricante de impresoras 3D, se pueden bajar archivos para imprimir desde fundas de iPhone y iPad hasta zapatos. Estos últimos están diseñados por Janne Kyttanen y varían en color y detalles decorativos.

AIRBIKE. EADS, Grupo Aeroespacial y de Defensa Europeo, es la creadora de una bicicleta realizada con una impresora 3D a partir de polvo de nailon. Su nombre hace honor al Airbus, perteneciente también a EADS.

URBEE 2. Es el primer coche impreso en 3D, fabricado por Kor Ecologic en plástico y metal. Es híbrido, tiene tres ruedas y dos plazas.

MECEDORA DE DIRK VAN DER KOOIJ. Es uno de los diseñadores más activos en el campo de la creación de muebles con esta tecnología. Algunas de sus piezas han sido adquiridas por el Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde cuelga su silla mecedora, o el Vitra alemán.

INYECTOR ESPACIAL. La NASA ya ha comenzado a fabricar componentes espaciales como un inyector para uno de sus cohetes. Este ha sido probado y resulta 10 veces más efectivo que aquellos construidos con técnicas tradicionales.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>